Viernes, 21 de Septiembre de 2018
COLUMNAS
Frente Amplio, Política Amplia
11.04.2017

Por Equipo Fundación Emerge

El actual contexto de malestar, desafección política y crisis de representatividad del sistema político chileno plantea una oportunidad para los movimientos sociales y las nuevas fuerzas emergentes de izquierda. Representa la posibilidad de presentarnos con un proyecto que recupere la política y vuelva a situarla desde la comunidad.

La colonización de la política por la tecnocracia y el poder económico ha sido uno de los pilares que mantienen este inmoral modelo político y económico que separa a unas pocas familias dueñas de la riqueza del resto de los habitantes del país. En ese sentido, debemos erradicar la idea de que la práctica política es asunto sólo de especialistas o expertos tomadores de decisiones.

Es fundamental asumir la política como el necesario contrapeso a un poder económico que busca mercantilizar todos los ámbitos de nuestras vidas. Más aún, como una actividad que nos convoca a sentirnos realmente parte del país en el que vivimos y, por tanto, nos obliga a hacernos responsables de su destino.

Para ello, debemos situar a la política desde lo común y cotidiano, más allá de la tradición, la institucionalidad, la legalidad e incluso el carisma. Situar a la política desde la dimensión comunitaria es construirla socialmente, es hacerla patrimonio de todos, es pensarla a partir de nuestras necesidades, fuerzas y deseos, es preguntarnos por un horizonte en común, por la forma en que queremos vivir juntas y juntos y el tipo de país que anhelamos.

Bajo ese prisma, creemos que la construcción de un Frente Amplio plantea una doble invitación. Por un lado, una convocatoria a la ciudadanía, a redescubrir el compromiso con los proyectos colectivos, a revalorizar la actividad deliberativa, a recomponer los lazos, a volver a creer en la fuerza del “nosotros/as”. Por otro lado, es también una invitación a redescubrirnos como izquierda y como movimiento político, un desafío para pensar y construir nuevas formas de organización, hermanando luchas, aceptando y valorando nuestra diversidad, abriéndonos a la construcción desde los territorios y “desde abajo”.

Este proceso, sin embargo, necesita ir acompañado de un programa con vocación de poder que pueda efectivamente disputarle hoy espacios a la hegemonía neoliberal. Debemos dejar de ser una izquierda testimonial, acostumbrada a la derrota, soñadora y con buenas intenciones pero muchas veces poco práctica a ojos de la ciudadanía.

En consecuencia, estamos actualmente abocados en la construcción de ese marco programático, participativo y abierto a la comunidad, buscando metas claras y responsables, y que se presente como una alternativa real y concreta para mejorar la calidad de vida de la mayoría de los habitantes del país.

Construir un proyecto que dispute cargos de representación político-institucional es una tarea fundamental ya que, ciertamente, ante esta coyuntura de crisis del sistema político se buscarán las soluciones pactadas por los de siempre, dejándonos al resto una vez más como meros espectadores. Ya hemos vivido en las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias y en el derrotero de este gobierno.

No obstante, nuestro proyecto no se agota en la lucha electoral, sino que busca trascender a la misma. Queremos ser parte de un fenómeno político y social que dispute el sentido común, se ancle en la experiencia cotidiana y se construya desde los territorios y desde los movimientos sociales. Hoy nos convoca la tarea de dejar de ser fuerzas marginales desarticuladas y construir un relato nuevo, disputando el poder en forma seria, con una estrategia colectiva comprometida con nuestro pasado, pero también y sobre todo con nuestro presente.
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